Lionel Scaloni sigue interactuando con la gente, tomándose fotos y firmando autógrafos. Una persona muestra su mano firmada por el entrenador, con la intención de tatuársela, evidenciando la devoción de los fanáticos.
La escena transcurre con Scaloni accediendo a los pedidos de la gente, mostrando su cercanía y buen humor. La emoción y la felicidad son palpables entre quienes logran un contacto con el entrenador, considerándolo un "personaje" entrañable.