Se critica la tendencia de la clase política argentina a enredarse en discusiones y disputas mediáticas en lugar de abocarse a la gestión y administración de los recursos públicos.
Se compara la labor del político con la de un administrador de consorcio, cuya principal obligación es asegurar el buen funcionamiento de los servicios básicos, como los ascensores, sin empeorarlos. Se enfatiza que la mera retórica ("bla bla") no soluciona los problemas y que la prioridad debe ser la gestión eficiente.