Se debate sobre la pérdida de la "cultura" policial y la falta de vocación en la fuerza, atribuyéndolo a una "generación de cristal".
Se contrasta la actitud de los policías de antes, quienes defendían a sus compañeros y priorizaban el deber por encima de todo, con la de los actuales, que supuestamente priorizan sus intereses personales.
Se menciona que antes, al detener a un policía, este iba preso o moría, sin posibilidad de escape. Ahora, se sugiere que los delincuentes son liberados rápidamente, incluso si son capturados en otros países.