Se insiste en que no hay pruebas de una conspiración en la final del Mundial y que buscar excusas para la derrota es inútil.
Se menciona la contradicción de que estas teorías conspirativas, que buscan justificar la derrota, salpican a los jugadores que demostraron valentía al exhibir la bandera de Malvinas.
Se da por cerrado el debate sobre las teorías conspirativas, reconociendo la imposibilidad de encontrar algo que las sustente y la necesidad de aceptar la derrota y enfocarse en el futuro.