El Mundial fue un evento logísticamente impecable, destacándose la organización y los operativos de seguridad en Estados Unidos. A pesar de que el país no es tradicionalmente fanático del fútbol, la gestión fue admirable, con servicios de seguridad respetuosos y corteses.
Los estadios, muchos de ellos adaptados del fútbol americano, ofrecieron una experiencia de primer nivel con tecnología avanzada. La elección de Dallas como centro de entrenamiento fue acertada por su tranquilidad y clima agradable, permitiendo una logística fluida para los traslados a otras sedes.
La experiencia en ciudades como Dallas y Kansas fue muy positiva, con una gente abierta y sociable que demostró una gran ética de trabajo. Se resalta la diversidad de Estados Unidos, con conexiones culturales y conexiones con Argentina.