El duelo tras una derrota deportiva, como la sufrida por la Selección Argentina, se manifiesta a través de diversas etapas psicológicas. Inicialmente, predomina la negación y la búsqueda de culpas externas, como el arbitraje o el desempeño de otros jugadores.
Posteriormente, surge la autocrítica y la duda sobre el propio rendimiento, llevando a sentimientos de inutilidad. La pérdida de la hormona testosterona reduce la agresividad y la competitividad, mientras que el aumento del cortisol genera vulnerabilidad y estrés.
La superación de este duelo implica la aceptación del resultado, la reflexión sobre lo ocurrido y, eventualmente, el agradecimiento por lo vivido. La resiliencia permite a los deportistas recuperarse y seguir adelante, aprendiendo de la experiencia.