Se reflexionó sobre la importancia de incorporar el placer y el "dar y recibir" en la vida cotidiana.
Se planteó que, ante una vida llena de responsabilidades, el espacio para el placer debe ser activamente creado y protegido para evitar el desborde emocional.
Se sugirió que la falta de lugar para el deseo y el disfrute puede llevar a la apatía y al sentimiento de vacío, por lo que es crucial responsabilizarse de cultivar estos aspectos.