Se debate la conveniencia de un feriado nacional tras el regreso de la selección argentina, ante la negativa de varios jugadores a participar en festejos. Inicialmente considerado, el feriado quedó supeditado a la decisión del equipo.
Se reporta que aproximadamente diez jugadores no abordaron el avión de regreso a Argentina. Eduardo Feinmann, citando fuentes cercanas, afirma que los jugadores no desean celebraciones ni actos públicos.
Se plantea la tensión entre el deseo de la gente de expresar su afecto a los jugadores y la voluntad de estos últimos de no realizar festejos, argumentando que su decisión debe ser respetada.