Se discute la importancia de la inteligencia policial para desarticular bandas delictivas, enfocándose en el destino de la mercadería robada. Se argumenta que, al cortar el circuito de venta de los objetos robados, se afecta directamente el negocio de los delincuentes y se reduce la incidencia de delitos menores.
Se señala que la policía debe tener conocimiento sobre dónde se comercializan los productos robados y actuar en consecuencia. Esta medida, junto con una mayor capacitación en investigación criminal, podría ser más efectiva que simplemente aumentar el número de patrulleros o mejorar los salarios policiales.