Se observa la escasa presencia de peatones y la predominancia de vehículos en las calles de Buenos Aires, incluso en avenidas transitadas. Esta situación se atribuye al miedo generalizado a ser víctima de la delincuencia, lo que lleva a los ciudadanos a limitar sus salidas y a extremar precauciones.
Se critica la indiferencia de los conductores ante situaciones de riesgo, quienes evitan detenerse para ayudar por temor a convertirse ellos mismos en blanco de los delincuentes. Se plantea la disyuntiva entre la solidaridad y la autopreservación en un contexto de alta inseguridad, donde la ausencia de armas y preparación dificulta la intervención.