Se analiza un sentimiento crítico hacia la Argentina y la idiosincrasia argentina que emerge tras la Copa del Mundo, con figuras del mundo de la cultura y el arte expresando opiniones negativas.
Se contrapone esta visión con el sentimiento de unidad y reconocimiento entre argentinos que generó la selección, trascendiendo clases sociales e ideologías. Se reflexiona sobre un nacionalismo positivo de reivindicación de lo propio, la soberanía y la cultura, en contraste con un nacionalismo "tonto" o xenófobo.
Se plantea la idea de que la Argentina puede salir adelante unida, pero se señala la falta de una oferta política acorde a esta demanda social, sugiriendo que el tiempo de la grieta y la polarización podría estar terminando para dar paso a la unidad y la fortaleza colectiva.