Se reflexiona sobre el inmenso amor de Dios al entregar a su único hijo, Jesucristo, por toda la humanidad. Se evoca la imagen de Jesucristo cargando la cruz, el dolor físico y la derrota que pudo sentir en sus últimos momentos de vida.
Se insta a los cristianos a sentir un amor profundo y no tibio por Dios, que demande un compromiso real y no solo una vida vivida "como queremos". Se subraya que, aunque se pueda pensar que no se tiene experiencia, al final de la vida, el arrepentimiento es inevitable si no se vive de acuerdo a los principios divinos.