La psicología deportiva analiza las reacciones emocionales y fisiológicas ante la derrota, como la experimentada por Lionel Messi tras la final del Mundial. La caída de testosterona reduce la agresividad y la competitividad, generando vulnerabilidad.
El estrés, representado por el aumento del cortisol, intensifica esta vulnerabilidad. Los deportistas pueden caer en negación, culpar a terceros o cuestionar su propio desempeño. La crítica externa agrava estas sensaciones, pudiendo llevar a un estado de "duelo" que afecta el rendimiento y el bienestar.
La resiliencia, capacidad de recuperación ante la adversidad, es clave para superar estas fases. El agradecimiento y el reconocimiento del esfuerzo colectivo, como el recibido por la Selección Argentina, ayudan a transitar este proceso y a volver a la normalidad.