Se enfatizó la importancia de dar espacio al deseo y al placer en la vida, comparándolo con la necesidad de aire para el fuego.
Se argumentó que, ante múltiples responsabilidades, es fundamental delegar y responsabilizarse del propio placer para evitar el agotamiento emocional.
Se citó a Esther Perel, quien sostiene que el deseo necesita "aire" para funcionar, y se sugirió que pensar en sexo, deseo e intimidad puede ser una forma de generar ese espacio vital.