Ucrania ha lanzado una campaña de drones de largo alcance contra la infraestructura energética rusa, afectando refinerías de petróleo y la provisión de combustible. Esta estrategia ha provocado que la producción de crudo ruso caiga a su nivel más bajo en 21 años.
Los drones ucranianos, como el B-Morp, atacan nodos logísticos, depósitos de combustible y puentes estratégicos, afectando el suministro a Crimea y las tropas en el frente sur. La capacidad de refinación rusa se ha visto reducida significativamente, impactando la economía del país y provocando un aumento en los precios de la gasolina.