Se critica a actores como Pedro Pascal y Samuel Jackson por sus comentarios sobre Argentina, tildándolos de "floripondios" y sugiriendo que sus opiniones no deberían tener tanta trascendencia.
Se argumenta que darles difusión a estas declaraciones solo les da poder y que no se debe explicar si Argentina es racista o no. Se cuestiona la validez de sus opiniones, especialmente viniendo de figuras públicas que podrían estar influenciadas por agendas externas.