Se critica la Fórmula 1 actual por su escaso vínculo con el automovilismo tradicional, asemejándola al lenguaje de los videojuegos y enfocándose en el uso de energía eléctrica y estrategias en lugar de la destreza del piloto.
Se menciona que las carreras han perdido la esencia de la habilidad del piloto, con diferencias de velocidad que no se explican solo por la potencia del auto. Se cita a Max Verstappen, quien reconoció aburrirse en ciertos sectores por falta de potencia, y se compara la potencia de los autos de Fórmula 1 con la de Fórmula 2, evidenciando una brecha significativa.