Se compara la gestión de Adorni con la corrupción industrializada del kirchnerismo y el silencio de la oposición ante casos como el de Insaurralde. Se critica la lentitud de la justicia y la falta de pronunciamiento de figuras políticas como Chocolates Rigao y Lilitos ante situaciones de presunta irregularidad.
Se cuestiona el porqué de este silencio, tanto del oficialismo como de la oposición bonaerense, y se señala que no es solo responsabilidad del líder del elenco político, sino de un entramado que parece encubrir o minimizar ciertas acciones. Se hace hincapié en la existencia de "silencios raros" que generan sospechas.