Se profundiza el análisis sobre la logística del crimen, comparando la situación argentina con el conflicto entre Ucrania y Rusia. Se argumenta que el suministro de armas y la reducción de mercadería robada son eslabones clave que deben ser cortados para desarticular las bandas delictivas.
Se señala que la corrupción dentro de la policía y la justicia es un obstáculo para combatir eficazmente la delincuencia. La falta de voluntad política para erradicar estas redes de complicidad perpetúa la violencia y la inseguridad en el país. Se concluye que el presidente tiene la responsabilidad de liderar este combate y tomar medidas drásticas para restaurar el orden.