Andy Burnham asume la primera magistratura británica con la promesa de devolver la esperanza a un Reino Unido afectado por la inestabilidad política y la crisis económica.
Burnham propone un nuevo modelo económico y una profunda descentralización del poder, buscando recuperar la confianza en el laborismo en medio de una grave crisis de costo de vida, un sistema de salud bajo presión y un debate migratorio.
Como exalcalde de Manchester, Burnham impulsó una recuperación económica sin precedentes y propone un "socialismo favorable a los negocios" para poner fin al impulso privatizador iniciado en los años 80.
Sus prioridades incluyen ampliar las competencias de los gobiernos locales, abordar la crisis del costo de vida y construir más viviendas subvencionadas, a pesar de los presupuestos ajustados.