Se analiza la superioridad física del equipo rival en la final del Mundial, a pesar del mérito argentino por llegar a la instancia definitoria. Se destaca que los jugadores argentinos, incluido Enzo Fernández, llegaron al límite de sus capacidades físicas y mentales.
La estrategia de Argentina se centró en aguantar y resistir, pero la diferencia física fue crucial. Se compara el partido con el Mundial de 1990, enfatizando el sufrimiento y la resistencia como claves. A pesar de la derrota, se reconoce el gran recorrido del equipo y el mérito de haber llegado a la final.