El periodista reflexiona sobre el significado de ser "protagonista" y el cariño que la selección argentina despertó en el mundo, especialmente en países oprimidos.
Señala que, a diferencia de otros países como Egipto, Francia o Inglaterra, Argentina no basó su éxito en la opresión o el robo, sino en valores como la libertad y la fraternidad.
Critica a los "malos perdedores" y defiende la identidad argentina, destacando que el país ha recibido a inmigrantes de diversas nacionalidades.
Sugiere que el éxito de la selección está atravesado por la política, pero defiende los valores del equipo por sobre los de naciones "primer mundistas".