El análisis post-partido se centra en la recepción de la selección argentina tras la derrota. Se destaca el fervor popular y la celebración multitudinaria, a pesar del resultado.
Se comenta que el segundo puesto es bienvenido y que la gente está festejando. Se valora la sobriedad del recibimiento, sin políticos aprovechando el momento, y se resalta la conexión entre la selección y la gente.
Se compara la situación con el recibimiento de 2014, mencionando que no hubo un acto similar en Casa de Gobierno. Se considera que la recibida fue acorde y se anticipa un homenaje particular en una cancha cuando la selección juegue nuevamente.