El programa cuestionó el espectáculo del Mundial, argumentando que no respetó la tradición y se centró en la imagen, desconectando con el espíritu del fútbol.
Se hizo una comparación irónica sobre la cantidad de mundiales de Shakira frente a los de Messi, criticando la superficialidad del evento.
Se señaló que la priorización de la imagen y el entretenimiento llevó a un espectáculo que no reflejaba la esencia del fútbol, alienando a los verdaderos aficionados.