Luis Esteban describe la receptividad positiva y el amor infinito que recibe de la gente en la calle, incluso en momentos en que él mismo se siente cansado o de mal humor. Agradece esta conexión, que lo sorprende gratamente y lo impulsa a seguir adelante, a pesar de no haber buscado activamente esa popularidad.
Contrasta esta experiencia callejera con el hateo en redes sociales, señalando que en persona solo recibe afecto. Menciona que, aunque a veces prefiere la privacidad, la gente se acerca con tanto cariño que es difícil no corresponder. Atribuye esta calidez a que la gente lo conoce y a quienes han trabajado con él saben que es una buena persona.