El golpe de estado de 1936, liderado por militares como Francisco Franco, se justificó mediante la propaganda franquista alegando "caos" y "disturbios" de movimientos de izquierda, así como el "inminente peligro de una revolución comunista". Sin embargo, historiadores señalan que estas justificaciones carecen de fundamento.
El golpe fracasó en gran parte del territorio, desencadenando una guerra civil de tres años que resultó en la muerte de cientos de miles de personas y el exilio de miles más. La propaganda franquista buscaba presentar el golpe como una solución al caos, pero la guerra civil provocada fue un remedio mucho peor que la supuesta enfermedad.
La muerte del general José Sanjurjo dejó a Franco en una posición de poder, quien se consolidó como jefe militar y político. La narrativa de que Franco frenó el comunismo y promovió la economía española es cuestionada por historiadores que argumentan que la situación real fue mucho más compleja y trágica.