En su apogeo, Ife contaba con una zona de talleres y fábricas en las afueras, lo que impulsó su transformación de un asentamiento agrícola a un centro cultural, político y religioso regional.
Su ubicación estratégica, en la zona de contacto entre la selva tropical y la sabana, facilitó el complemento entre dos regiones ecológicas y económicamente distintas.
Los pueblos de habla Yorubá, expandiéndose desde los ríos Níger y Benue entre el 300 a.C. y el 300 d.C., encontraron en el valle pantanoso de Ife un lugar propicio para el asentamiento.