Se explora la influencia de la genética en la felicidad, concluyendo que si bien existe una predisposición genética (aproximadamente un 40%), los factores ambientales y el entrenamiento personal juegan un papel más significativo (60%).
No se han identificado genes específicos de la felicidad, pero pequeñas diferencias genéticas pueden influir en la facilidad con la que una persona experimenta bienestar. La felicidad se considera un rasgo entrenable, similar a una habilidad física.
Se enfatiza que, independientemente de la predisposición genética, todas las personas pueden mejorar su nivel de felicidad a través de prácticas como el deporte, la socialización, la gratitud y la ayuda a otros.