La relación entre la Selección Argentina de fútbol y la política ha evolucionado desde una profunda interconexión en épocas como el Mundial '86 y los años de Menem, hasta una marcada distancia en la actualidad. En 1986, Alfonsín intentó influir en la selección y Maradona le entregó la copa en Casa Rosada, evidenciando un vínculo institucional.
Carlos Menem, en cambio, se integró de lleno a los festejos mundialistas de 1990, llegando incluso a entregarle un pasaporte diplomático a Maradona. Sin embargo, la Selección de 2022, liderada por Lionel Messi, se distanció deliberadamente de la política oficialista, rechazando asistir a la Casa Rosada y evitando el contacto con funcionarios como Alberto Fernández y Wado de Pedro.
Esta ruptura se explica por el descrédito de la política y el deseo de la Selección de no verse salpicada por la crisis. El caso de los respiradores de la Fundación Messi durante la pandemia, retenidos en Ezeiza, fue un detonante. Javier Milei, anticipando esta tendencia, ofreció la Casa Rosada vacía de funcionarios para recibir al equipo, reconociendo la nueva dinámica entre fútbol, sociedad y Estado.