Se explica que en Inglaterra, a diferencia de España, los contratos de los jugadores los convierten en "propiedad" del equipo, sin cláusula de rescisión. Solo se permite una solicitud de transferencia, que el club puede denegar, manteniendo al jugador bajo su control hasta el fin del contrato.
Se aclara que al solicitar la transferencia, el jugador renuncia a la prima de fidelidad, un pago adicional que se recibe al cumplir el contrato y permanecer fiel al club.