Se describe el "ritual" de la "Escaloneta", que consistía en la reunión de los familiares de los jugadores tras cada partido, compartiendo momentos en el mismo hotel y trasladándose juntos en micro. Esta costumbre era disruptiva en la historia de los Mundiales y generaba un fuerte sentido de pertenque.
Este ritual, que incluía ir al vestuario y encontrarse con la familia, no pudo darse tras la final perdida, ya que la celebración era del equipo rival.