Cuando un tribunal estadounidense ordena la confiscación de bienes, el dinero no se entrega automáticamente a otros gobiernos. Los fondos decomisados ingresan al tesoro estadounidense, a menos que exista un acuerdo bilateral específico para compartir los bienes recuperados.
La localización física del dinero es un desafío, ya que puede estar invertido en propiedades, transferido a terceros, ocultado en paraísos fiscales o ya gastado. Los especialistas consideran que desmontar la existencia del patrimonio es solo el primer paso; encontrarlo y convertirlo en bienes decomisados requiere investigaciones internacionales.
Atacar las finanzas de las organizaciones criminales es tan importante como detener a sus líderes, ya que reconstruir estructuras económicas multimillonarias lleva más tiempo que reemplazar jefes. Golpear el patrimonio limita la capacidad de los cárteles para financiar sus operaciones.