Se advierte sobre el riesgo de un aumento en la persecución y represión a nivel global, como consecuencia de la preocupación de Estados Unidos por su polarización interna y la radicalización de conflictos. Se menciona el asesinato de un hombre de ultraderecha como un factor que intensifica esta inquietud.
Se interpreta la actual política exterior estadounidense como una extensión de su problemática interna, con el objetivo de exportar modelos de control y contención. Se sugiere que esta tendencia podría revertir en una mayor vigilancia y restricción de movimientos sociales y políticos en diversas partes del mundo.