La vida de Alfredo y su familia experimentó una transformación radical tras su acercamiento a la Iglesia Universal. Pasaron de alquilar a comprar su propia casa en Capital Federal y de tener autos usados a adquirir varios cero kilómetro.
Su negocio, que comenzó en un garaje, se expandió significativamente, ahora cuentan con una fábrica y dan empleo a otras personas. La prosperidad económica les permite viajar y disfrutar de una vida bendecida, atribuyendo estos logros a la fe y la guía divina.