Frobenius intentó llevar la cabeza de Holocún a Alemania, pero el funcionario colonial británico Partridge interceptó la caravana y obligó su regreso a Ife. Frobenius fue juzgado y declarado culpable, debiendo devolver la valiosa pieza.
La cabeza de Holocún pasó a manos del Oni (soberano tradicional) de Ife, y su paradero posterior se convirtió en un misterio arqueológico. La visión racista de Frobenius le impedía aceptar que la obra fuera de origen africano, atribuyéndola a la Atlántida.
Este incidente subraya las tensiones de la época colonial en el tráfico de arte y la dificultad de comprender y valorar las culturas no europeas.