Unidades de fuerzas especiales patrullan la frontera entre Costa de Marfil y Burkina Faso para impedir la incursión de grupos armados. La zona se encuentra amenazada por grupos yihadistas y por las milicias paramilitares "Voluntarios para la Defensa de la Patria", que cruzan la frontera desde Burkina Faso.
La tensión entre ambos países ha escalado, con acusaciones mutuas de albergar grupos terroristas. El presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, acusa a Costa de Marfil de servir de plataforma para yihadistas. Esta situación dificulta la cooperación en seguridad y ha llevado a Costa de Marfil a reforzar sus capacidades de inteligencia con drones de vigilancia, financiados por la Unión Europea.
La inseguridad en la región fronteriza ha provocado desplazamientos masivos de población y ha afectado los medios de subsistencia, como la ganadería. El robo de ganado se ha convertido en una fuente de ingresos para los grupos armados.