Se analiza la complejidad de dirigir a un equipo de 26 jugadores, destacando la habilidad del cuerpo técnico, liderado por Lionel Scaloni, para adaptarse a las diferentes personalidades y necesidades de cada futbolista. Se subraya que no se puede tratar a todos de la misma manera, ya que algunos responden mejor a un trato más cercano y otros a una mayor exigencia.
La experiencia previa de los miembros del cuerpo técnico como jugadores les permite comprender mejor cómo llegar a los futbolistas y motivarlos de forma efectiva, evitando que una presión excesiva pueda tener un efecto contraproducente. Esta capacidad de gestión individualizada es fundamental para el éxito del equipo.