En una de las puertas históricas de Friburgo se encuentra el tradicional reloj de la ciudad, un símbolo que durante siglos marcó el ritmo de la vida cotidiana y cuyas campanadas indicaban la apertura y cierre de las murallas.
Su mecanismo, cuidadosamente conservado, recuerda el pasado medieval de Friburgo y representa la historia de una ciudad que ha sabido preservar su patrimonio y mantener vivo su encanto.