Se relata el caso de Pablo Heredia, participante de Gran Hermano, quien abandonó la casa tras sufrir un brote psicótico. La producción habría intentado retenerlo, pero no fue posible.
Se destaca la importancia de la atención psicológica para los concursantes, sugiriendo que el reality puede ser perjudicial para la salud mental de quienes no están preparados para afrontar la exposición y el encierro.