Francia enfrenta olas de calor insoportables con temperaturas que superan los 40 grados, afectando a diversos sectores productivos y a la población en general.
Un horticultor francés adapta su jornada laboral comenzando más temprano y vendiendo sus productos en una cabaña improvisada para sobrellevar el calor extremo. Las fresas, su producción, también se ven afectadas por el sol intenso.
Los panaderos sufren las altas temperaturas en sus establecimientos, donde los hornos funcionan a casi 300 grados. Deben enfriar el agua y la harina para la preparación del pan y lidiar con el mal funcionamiento de heladeras y vitrinas debido al calor.