Miles de personas se congregan en el Obelisco para celebrar, generando un clima de euforia y desorden. La multitud se sube a los semáforos y al Metrobús, creando situaciones de riesgo.
Se observan vendedores ambulantes ofreciendo comida y merchandising. La gente se queda en la zona, algunos incluso planeando pasar la noche.
La gran afluencia de público genera preocupación por la capacidad del transporte público y la seguridad general del evento.