A pesar de la derrota en la final contra España, la gente en las calles de Buenos Aires vive un festejo teñido de tristeza pero con un espíritu de celebración intacto. Se reconoce que, aunque se perdió, el equipo dejó todo.
La gente expresa que hay que festejar igual, mostrando un apoyo incondicional a la Selección y a Messi. El sentimiento de orgullo persiste, a pesar de la decepción por no haber obtenido el campeonato.