Se reflexiona sobre la naturaleza popular del fenómeno del fútbol, a pesar de que los costos de las entradas para eventos como el Mundial no permiten la participación de todos los sectores sociales.
Se plantea la paradoja de que, aunque no todos los que asisten a los estadios pertenecen a clases populares, el fútbol genera un fenómeno de masas. Se destaca el desafío de controlar las tribunas y la incapacidad de hacerlo por completo, lo cual genera entusiasmo.