Carlos relató su experiencia espiritual tras su encuentro con la Iglesia Universal, enfatizando la importancia de recibir el Espíritu Santo para ser considerado hijo de Dios. Decidió someterse a un sacrificio espiritual, aumentando su comunión con Dios a través de la oración y la meditación en la palabra.
Como parte de su sacrificio emocional, se distanció de amistades y lugares que lo incitaban a consumir y a actuar de forma contraria a los principios de Dios. Su objetivo era recibir el Espíritu Santo, lo cual logró tras un acto de fe en el altar. Este encuentro le brindó seguridad, paz, gozo y la certeza de su salvación, marcando un antes y un después en su vida.