En Mar del Plata, la ciudad del Dibu Martínez, el clima es de absoluto silencio y nerviosismo. Los habitantes siguen la elección con gran tensión, algunos tapándose los ojos y otros yendo al baño ante la incertidumbre.
A pesar de la dificultad del partido y de jugar con un hombre menos, hay esperanza de que Argentina pueda darlo vuelta en el tiempo suplementario, apelando a la fe y a la presión en el ataque.