Se analiza el significado de los festejos de la Selección Argentina tras obtener el segundo puesto, destacando que se celebra el proceso y el esfuerzo, no solo la victoria final. Se contrasta esta visión con la tendencia social a ponderar el éxito y condenar el fracaso, argumentando que del fracaso se aprende.
Se critica la visión maniqueísta de la sociedad argentina, que oscila entre la exaltación del éxito y la condena del fracaso. Se enfatiza la importancia de capitalizar el esfuerzo de la selección y la identificación social con la perseverancia y la lucha hasta el último momento.