Se reflexiona sobre la final perdida, comparándola con la de 2014. Se reconoce la superioridad táctica de España, pero se enfatiza que Argentina estuvo a la altura y luchó hasta el final. Se menciona la superioridad futbolística del rival y la dificultad de la final tras la expulsión de Enzo Fernández.
Se destaca que, a pesar de la derrota, no hay nada que reprochar a la selección, que llegó a la final tras un largo recorrido. Se debate si la derrota se debió a cuestiones tácticas o físicas, pero se concluye que España fue la mejor selección en la final.