La escasez de combustible en Rusia genera una cadena de efectos negativos: se restringen las tareas en el campo, la producción y la exportación. Esto desgasta financieramente al país y hace visible el "precio de la guerra".
La falta de combustible afecta la logística de distribución de mercadería, impactando en la exportación mundial de trigo y evidenciando públicamente las consecuencias económicas del conflicto bélico.