Se considera improbable un ataque terrestre a gran escala por parte de Rusia contra los países bálticos, debido a limitaciones de soldados y material. Sin embargo, se perfila como más probable una operación de tipo híbrido.
Este tipo de ataque podría incluir guerra de información, propaganda, ciberataques, uso de fuerzas especiales y drones, con el objetivo de probar la respuesta de la OTAN antes de una posible escalada convencional.