En el asentamiento de Neasoy, Georgios Angelopoulos relata cómo la policía los detiene con sus autos viejos utilizados para recolectar chatarra, les quita las matrículas, licencias de conducir y les impone multas altas.
Argumenta que la falta de estas herramientas de trabajo los deja en una situación desesperada, obligándolos a delinquir para poder sobrevivir, debido a la falta de oportunidades y educación.